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Dear Esther
#1
Cuando la flexibilidad de un medio se pone en entredicho es porque la innovación está rasgando ya el hueso. En un intento por revitalizar ideas ya manidas se suele recurrir al mestizaje conceptual para encontrar nuevas formas de expresión. Dejen que me pierda un poco: Un belén viviente, un libro de "elige tu propia aventura", un film que rompe la cuarta pared y despierta una imposible afinidad con el espectador… Abrir la mente, no dejarse regir por las conveniencias de cada medio y buscar excitantes y sugerentes alternativas a lo estandarizado. Por todo esto, y centrándonos en lo que nos interesa, ¿quién dice que el videojuego no puede sumarse a este mundo de batiburrillos creativos?

Comparado con el resto de manifestaciones artísticas, nuestra industria es un medio que está prácticamente en pañales, y aunque por desgracia se haya asentado en cánones creativos que parece que estuvieran escritos en las tablas de Moisés dada su habitual intransigencia, queda todavía mucho margen de maniobra tal y como demuestra Dear Esther, la obra de Dan Pinchbeck y su estudio thechineseroom, que plantea nuevos métodos narrativos y una revolucionaria forma interactiva de plasmarlos utilizando los videojuegos con perspectiva en primera persona como caballo de batalla.

De hecho, el lanzamiento de este producto no es más que consecuencia y evolución de una serie de investigaciones que realizó Pinchbeck en la universidad británica de Porthsmouth acerca de eso precisamente, la posibilidad de innovar a la hora de contar historias usando la estructura de un first person shooter. Sin ir más lejos, la primera versión de Dear Esther fue un mero mod de Half Life 2. Y miren hasta dónde les ha llevado todo esto.

¿Pero qué es Dear Esther? O mejor dicho, ¿qué no es? Tras leer esto, no se sientan perdidos como un camello en una farmacia: Esto no es un videojuego. Llámenlo X, alfa o el eslabón perdido, pero sintiéndolo mucho por los más clasistas, no logro encontrar suficientes argumentos para poder afirmarlo. Eso sí, no se alteren, pues tal afirmación no tiene por qué ser mala. De hecho, la semilla que origina Dear Esther lleva germinando en el medio desde hace ya bastante tiempo y casi no nos hemos dado cuenta de lo positivo que ello está resultando. Luego les cuento.

Somos nosotros y una historia que descubrir. Nuestra interacción se limita a ser meros testigos de lo que el entorno nos quiere mostrar y una voz en off narrar. Que vayan saliendo los bobos y anodinos de la sala. Aquí vivimos una experiencia sensorial donde vemos, oímos y digerimos lo planteado. No hay objetos que recoger, ni enemigos que liquidar, "tan solo" nos limitamos a ir saboreando una historia en la que en vez de pasar páginas, las hacemos fluir mientras nos movemos por un entorno virtual.




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